Resumen: El nabo silvestre (Brassica rapa), una maleza muy común en los campos del centro y sur de Buenos Aires, se volvió un serio problema para los productores. En los últimos años, desarrolló resistencia a varios herbicidas muy usados: glifosato, ALS y 2,4D.

Para controlarlo, se empezó a usar un producto distinto, la flurocloridona, pero ahora también se detectó resistencia a este herbicida, lo que convierte a este caso en el primero en el mundo con resistencia a cuatro tipos diferentes de herbicidas en esta especie.
El hallazgo fue confirmado por un estudio en la Universidad Nacional del Centro. Esto obliga a repensar las estrategias de control y adoptar un manejo más integral y responsable, combinando distintos métodos y rotando cultivos para evitar que el problema siga creciendo.
Nota Completa:
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Brassica rapa L. (“nabo silvestre”), es una maleza anual o bienal perteneciente a la familia de las Brassicaceae presente en la mayoría de los cultivos en el centro y sudeste bonaerense. Emerge generalmente en otoño e invierno, aunque en la provincia de Buenos Aires se han observado nacimientos prácticamente durante todo el año. De esta manera, se encuentra como especie altamente invasora en todos los cultivos extensivos.
Los relevamientos de la Red de Manejo de Plagas (REM) de AAPRESID indican que la presencia de los nabos resistentes a glifosato, ALS y 2,4D ha aumentado en Argentina entre 2019 y 2023. En particular, el sudeste y centro de la Provincia de Buenos Aires presentan el 100% de los partidos con la problemática de nabos resistentes a los tres mecanismos de acción, y que la problemática va en aumento hacia el centro del país, según el último reporte de REM AAPRESID (2025), detalla un informe publicado desde AAPRESID,

En el mismo documento la Asociación de Productores en Siembra Directa, consiga que, en 2018, a partir de la resistencia múltiple a los tres mecanismos de acción: glifosato, ALS y 2,4D, se generalizó el uso de flurocloridona como herbicida residual de presiembra o preemergencia en lotes destinados a trigo, cebada, girasol y en algunos casos maíz, e incluso para tratar escapes dentro de los cultivos invernales en postemergencia.
En 2021/2022 comenzaron a reportarse controles parciales, con nacimientos cada vez más frecuentes. Esta falencia a nivel de campo se intentó compensar con aumentos de dosis, aumentando así la presión de selección.
Primer caso a nivel mundial de resistencia a flurocloridona y cuarto mecanismo de acción para nabo.
La flurocloridona es un herbicida residual y selectivo de preemergencia que actúa inhibiendo la fitoeno desaturasa (PDS: Grupo HRAC F1- WSSA 12), una enzima esencial en la biosíntesis de carotenoides, lo que provoca una clorosis y la posterior muerte de las plantas. En Argentina, su uso se encuentra registrado para: trigo, cebada, girasol, maíz, algodón, arveja, avena, centeno, entre otros, detalla el documento de referencia.

Para los especialistas de AAPRESID, no existen antecedentes a nivel mundial de resistencia a la flurocloridona. Si bien hay reportes de resistencia a inhibidores de PDS en otras especies de la familia botánica Brassicaceae, principalmente al activo diflufenican, a nivel mundial este caso argentino es único, con la connotación de ser una resistencia múltiple a cuatro mecanismos de acción diferentes.
El caso de estudio: la resistencia a flurocloridona
Los denucnaintes de este caso de resistencia fueron los investigadores Víctor Juan, Lucía Ledesma y Federico Núñez Fré quienes en sus trabajos tenían como objetivo principal estudiar la respuesta de biotipos locales de Brassica rapa L. al herbicida flurocloridona aplicado al suelo en preemergencia de la maleza, en el contexto de una problemática creciente de malezas resistentes.
En el documento de referencia se detralla que se realizó un ensayo de dosis respuesta en macetas dispuestas en el invernadero de la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, con semilla recolectada de dos biotipos: uno proveniente de Tandil de un lote con aplicaciones anuales ininterrumpidas de flurocloridona durante los últimos ocho años, y otro de Olavarría donde solamente se aplicó el herbicida en dos oportunidades durante este mismo intervalo de tiempo. Cabe destacar que ambos biotipos presentan resistencia documentada a glifosato, inhibidores de la ALS y herbicidas hormonales.

En el biotipo de Olavarría, la supervivencia respecto del testigo fue del 45 % con la dosis más baja de 0,125X. Con 0,25X, la supervivencia descendió al 17,5 %, mostrando una disminución estadísticamente significativa respecto de la dosis anterior y con 0,5X, la supervivencia cayó al 2,5 %, sin diferencias con las dosis de 1 y 2X, donde el control fue total.
En contraste, el biotipo de Tandil mostró menor sensibilidad. En la dosis de 0,25X sobrevivieron el 85% de las plantas, con 0,5X la supervivencia fue del 57,5% y a la dosis comercial de 1X nacieron y sobrevivieron el 45% de los individuos. Solo se alcanzó un 98 % de mortandad con la aplicación de 2X . Se destaca que en la dosis de 1X la supervivencia de aproximadamente la mitad de la población, llegó a estado reproductivo y dejó descendencia viable y resistente.
Estos resultados demuestran que la población de Tandil presenta resistencia efectiva a flurocloridona, representando el primer caso de resistencia al mencionado herbicida reportado en Brassica rapa en Argentina, y constituyendo un nuevo caso de resistencia múltiple a cuatro mecanismos de acción.
Momento de repensar el manejo
Esta confirmación representa un desafío significativo para el manejo de malezas, particularmente crucíferas, en el centro y sur de Buenos Aires. Dado el historial de resistencia en la especie y la creciente presión de selección, es fundamental adoptar estrategias de manejo integrado para mitigar la propagación de biotipos resistentes. En este sentido, se recomienda:
Alternar y combinar herbicidas con diferentes mecanismos de acción, evitando la aplicación reiterada de una estrategia. Rotar cultivos con especies que permitan diferentes herramientas de control. Realizar seguimientos periódicos en los lotes para detectar fallas en el control y actuar de manera preventiva.
Complementar el control químico con prácticas agronómicas como la siembra en fechas estratégicas, aumento de densidad de cultivos y eliminación mecánica cuando sea posible, finaliza el informe elaborado desde AAPRESID.
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