Resumen: Se confirmó un nuevo caso de gripe aviar en Lezama, Buenos Aires. Afectó a unas 300 aves de traspatio, donde se detectaron síntomas graves y alta mortalidad. El Senasa activó los protocolos: sacrificaron las aves, desinfectaron el lugar y pusieron en vigilancia un área de 10 km.

Por ahora, no hay impacto en la producción ni en el comercio. Pero hay preocupación por lo que pasó en Estados Unidos, donde el virus obligó a sacrificar millones de aves y provocó subas en el precio de los huevos.

Las autoridades piden estar atentos: reportar aves muertas o enfermas y evitar el contacto con aves silvestres. Si el virus llega a criaderos comerciales, sí podría haber consecuencias económicas.


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Un nuevo caso de gripe aviar fue confirmado en Argentina por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa). El brote se registró en un predio de aves de traspatio ubicado en el partido bonaerense de Lezama, donde se detectaron gallinas, pavos y faisanes con signos clínicos compatibles con la enfermedad: depresión, cianosis en la cresta y una elevada mortalidad, que alcanzó al 33% del plantel.

Según el comunicado oficial, el predio albergaba unas 300 aves y, tras las pruebas de laboratorio, se confirmó la presencia de influenza aviar de alta patogenicidad (IAAP). Inmediatamente se activó el protocolo sanitario: el establecimiento fue intervenido, se procedió al despoblamiento (sacrificio sanitario de las aves) y en las próximas horas se realizará la desinfección completa del lugar.

Además, se estableció un área de vigilancia epidemiológica de 10 kilómetros alrededor del foco, en la que se identificaron otros tres predios de traspatio. Senasa enfatizó que el caso no afecta el estatus sanitario del país ni las actividades comerciales relacionadas con productos aviares, dado que se trata de una unidad no comercial.

Si bien el caso argentino bajo control, el ejemplo de lo ocurrido en Estados Unidos genera inquietud. Desde 2022, ese país enfrenta el brote de gripe aviar más grave de su historia reciente. La cepa H5N1 del virus obligó al sacrificio de más de 130 millones de aves y provocó una disrupción en la cadena de producción de huevos, carne aviar y otros derivados.

El impacto fue múltiple: además de la afectación a la industria, el virus fue detectado en mamíferos como gatos domésticos y vacas, e incluso en trabajadores de granjas, aunque los casos humanos fueron leves y el contagio entre personas sigue siendo bajo, según las autoridades sanitarias.

Uno de los efectos más notorios fue el aumento del precio de los huevos. La normativa estadounidense obliga a sacrificar todas las aves cercanas a una infectada, lo que genera largos períodos de inactividad productiva. Repoblar una granja puede llevar hasta cinco meses, lapso en el cual la oferta disminuye drásticamente.

Según estimaciones, un estadounidense consume en promedio 284 huevos por año, lo que convierte a este producto en un insumo clave para la dieta diaria. La escasez derivada del brote hizo que los huevos pasaran a ser uno de los principales motores de la inflación alimentaria en ese país.

Por ahora, el brote detectado en Lezama no compromete al sistema productivo ni comercial nacional. Pero la situación obliga a mantener una vigilancia estricta para evitar que el virus se expanda a criaderos comerciales, lo cual sí podría derivar en restricciones sanitarias, sacrificios masivos y consecuencias económicas similares a las que sufrió EE.UU.

Mientras tanto, las autoridades piden colaboración ciudadana: notificar cualquier sospecha de enfermedad o muerte inusual en aves, y evitar el contacto directo con animales silvestres.

Argentina ya había tenido brotes de gripe aviar en años anteriores, pero logró contenerlos a través de sistemas de control sanitarios y de vigilancia. Sin embargo, el contexto global y la experiencia internacional demuestran que se trata de una amenaza latente que puede tener efectos profundos en la seguridad alimentaria y el bolsillo de los consumidores si no se actúa a tiempo.

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