Resumen: El Senasa confirmó la presencia del picudo negro de la soja en Córdoba, una plaga muy dañina que ya afecta al norte del país. Fue detectada en un lote de Montecristo, donde causó pérdidas de hasta el 70 % en el rendimiento. Este hallazgo enciende alarmas, ya que Córdoba es una zona clave para la producción agrícola.

Frente a esta amenaza, el INTA, junto a empresas y organismos oficiales, activó una red de monitoreo y contención para evitar la expansión de la plaga. El insecto es difícil de controlar porque ataca las vainas y los granos desde adentro, y los productos actuales no logran frenar su avance si no se aplican en forma preventiva.
Nota Completa
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El Sistema Nacional de Vigilancia y Monitoreo de Plagas (Sinavimo) del Senasa confirmó una nueva amenaza para la producción agrícola argentina: la detección del picudo negro de la soja (Rhyssomatus subtilis) en la provincia de Córdoba, una plaga ya conocida por causar graves daños en el NOA y que ahora enciende las alarmas en una de las principales regiones productivas del país.
La detección fue realizada por la empresa Halcón Monitoreos en la zona de Montecristo, al este de la ciudad de Córdoba, donde observaron severos daños en vainas atribuidos a esta plaga. “Afectó aproximadamente el 70 % del lote, con fuertes pérdidas de rendimiento. Una soja con expectativa de 32 quintales rindió apenas 15”, detalló Roberto Peralta, socio gerente de la firma.

Frente a esta situación, desde el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) se activó un operativo articulado de monitoreo y contención, que reúne investigadores y técnicos de las regiones NOA y Córdoba, junto a empresas privadas y organismos oficiales. El objetivo es frenar su avance y prevenir el impacto sobre los cultivos de la región centro del país.
Una plaga compleja y difícil de controlar
El picudo negro de la vaina de soja es una plaga sumamente dañina. Según Guillermina Socías, entomóloga del INTA Salta, “en el norte es un problema muy importante porque afecta directamente el grano. Las larvas consumen las semillas dentro de las vainas, y los adultos realizan perforaciones para poner huevos, lo que facilita el ingreso de agua y patógenos”.
El ataque en etapa vegetativa puede provocar daños en brotes tiernos, secándolos o dejando las plantas enanas. Pero es en la etapa de llenado de grano donde el impacto es crítico, con pérdidas que pueden llegar hasta el 100 % del rendimiento si no se implementan controles adecuados.

“Una vez que el adulto coloca huevos dentro de la vaina, ya no se puede controlar de ninguna manera”, advirtió Socías. Por eso, el enfoque apunta al monitoreo constante y a aplicaciones preventivas, como curasemillas y tratamientos foliares secuenciales. “El problema es que los adultos emergen en oleadas tras cada lluvia, y los productos actuales no tienen residualidad suficiente”, agregó.
Se activa una red de monitoreo nacional
Ante la detección, el INTA, junto con el Senasa, comenzó a construir una red de monitoreo y contención, tomando como epicentro el campo afectado en Montecristo. “Vamos a realizar muestreos en lotes vecinos y activar un anillo de vigilancia circundante para detectar focos y definir estrategias de manejo”, explicó Eduardo Trumper, coordinador del Programa Nacional de Protección Vegetal del INTA.

La estrategia toma como referencia la Red Nacional de Monitoreo creada en 2024 para combatir a la chicharrita del maíz (Dalbulus maidis), que provocó pérdidas de más de 10 millones de toneladas esa campaña.
Además, se analiza la conformación de una mesa técnica de sanidad vegetal, con participación de la Secretaría de Agricultura, INTA, universidades y actores privados como Halcón Monitoreo, para abordar el problema desde múltiples ángulos: investigación, extensión, capacitación y seguimiento en territorio.
Una amenaza que exige acción coordinada
La expansión del picudo negro desde el NOA hacia la región central plantea un serio desafío para el sistema productivo nacional. En el norte, donde la plaga lleva dos décadas causando perjuicios, su erradicación ha resultado imposible, y solo se logró su convivencia bajo control con un esquema riguroso de monitoreo y manejo.
“Debemos generar capacidades con todos los actores para acompañar al sector y evitar que esta plaga avance”, concluyó Trumper, subrayando la importancia de actuar con rapidez para que el caso de Montecristo no sea el comienzo de una nueva emergencia fitosanitaria nacional.
Mientras tanto, desde el Senasa y el INTA instan a los productores a monitorear sus lotes con atención, informar cualquier sospecha y extremar las medidas de higiene de maquinaria agrícola, ya que el traslado de equipos entre campos puede ser una vía de propagación inadvertida del insecto.
La presencia del picudo negro de la soja en Córdoba, aunque incipiente, representa una alerta temprana clave. La respuesta articulada del sistema científico, técnico y productivo será fundamental para contener el brote y evitar que se transforme en una nueva crisis para la agricultura argentina.





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