Por Gustavo Andrés Ortega Zabala
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“Hoy por hoy es todo un tema…es muy complicado, sólo podemos empezar a movernos despacito a ver si llegan a un acuerdo…”, observa José Cantini, un pequeño productor de yerba mate que resume en una frase el pensamiento de sus congéneres: incertidumbre. Desde que el gobierno de Javier Milei le quitó al Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) la facultad de fijar valores mínimos para la hoja verde y la canchada, los pequeños y medianos productores han visto caer el valor de su esfuerzo.
Desde principios de 2025 nunca se alcanzó realmente los valores sugeridos por el INYM, que se encontraba entre $350–460 por kilo para cubrir costos, mientras que el pago efectivo osciló entre $190 y 290 en secaderos. Esta brecha impactó fuertemente en la rentabilidad de los productores y generó tensiones, lo que desembocó en cortes de ruta con el sector sampedrino en primera fila.
Pese a que la hoja empezó a caer en sus campos –a diferencia del precio en las góndolas con un valor promedio de $4.500 por kilo-, Cantini plantea recoger poco a poco su producción, o simplemente dejárselas a las hormigas, ya que el esfuerzo de la zafra “no merece la pena” hasta que se alcance un precio justo o se normalice el mercado.
“Nunca fui de meterme en reuniones, y participé muy poco en los cortes de rutas… Pero la verdad es que ellos (INYM) pelean por nosotros, por el precio”, alegó, a la par que afirmaba la falta de acuerdo entre los pequeños productores, quienes -según sus palabras- se pelean entre sí, mientras los grandes se arreglan entre ellos: “No tenemos forma… ya que hoy el grande es quien domina”.
El retorno del INYM
En este panorama es donde entra una de las caras más convincentes para restablecer las funciones del organismo, el actual candidato a diputado nacional Oscar Herrera Ahuad, quien se presentó con dos propuestas claras: la defensa de la salud pública -una obviedad por vocación- y el regreso del INYM, este último un punto crítico en la provincia dado el significado económico para cientos de productores, tema que nos interesa para esta nota.
Como es evidente cada dos años -o cada dos horas con un tweet- la odisea política de la Argentina vuelve a dispararse, con un escenario nacional incierto; partidos políticos en plena lavada de cara, otros en mira de qué color les gustaría llevar, o qué es lo único que pueden llevar. Todo para pelear por una silla en primera fila para disfrutar del teatro más exclusivo de la Argentina, el Congreso Nacional.
“El mate no es una bebida,[…]. Bueno, sí. Es un líquido y entra por la boca. Pero no es una bebida. En este país nadie toma mate porque tenga sed. Es más bien una costumbre, como rascarse. El mate es exactamente lo contrario que la televisión. Te hace conversar si estás con alguien, y te hace pensar cuando estás sola […]. Es lo único que comparten los padres y los hijos sin discutir ni echarse en cara. Peronistas y radicales ceban mate sin preguntar. En verano y en invierno. Es lo único en lo que nos parecemos las víctimas y los verdugos. Los buenos y los hijos de puta”.
Hernán Casciari en su novela Más respeto, que soy tu madre (Orsai, 2005)
Con el escenario en pie, Herrera Ahuad busca -al igual que varios partidos provinciales- una silla para pelear la “territorialidad” de su provincia ante Nación, y en este caso el regreso del INYM como menciono en una entrevista con El Regional: “El INYM no es sólo un instituto para fijar precios. También da garantías de calidad, promueve la diversificación de productos, la trazabilidad y la investigación”..
El actual líder de la lista de la Renovación NEO, habla de trazabilidad y la diversificación de productos de la yerba mate como una visión que puede aumentar la demanda de la hoja verde -y por consiguiente de su precio-. Pese a ser una buena mirada, sólo el resultado del panorama nacional decidirá el camino a seguir, y sin un precio actual convincente, el descontento sigue latente entre los pequeños y medianos productores del norte misionero.
Una mirada respaldada por las protestas
La mirada de los colonos yerbateros no siempre es unánime, pero entre ellos prevalece una sensación clara: sin el INYM como árbitro, el partido se juega con un sólo equipo en la cancha, el del mercado. Walter Marini, otro pequeño productor de San Pedro, no duda en señalar lo que para él fue un retroceso grave: “El Gobierno Nacional hizo mal en cerrar todo lo que tenga que ver con Agricultura Familiar y con el poder regulador del INYM. Era la manera que teníamos los colonos, de fijar un precio o de contar con alguien que pueda pelear a nivel nacional”.
Esta sensación en los colonos está presente desde febrero y marzo de 2025, momento en que las hogueras empezaron a iluminar algunas de las principales rutas que cruzan la provincia. DW (Deutsche Welle) la emisora internacional alemana y uno de los medios de comunicación internacionales de mayor éxito relató este momento desde un punto más objetivo:
La emisora germana representó bien las dos partes en disputa: un partido nacional que sólo espera a la regulación misma del mercado bajo la frase del secretario de Agricultura, Sergio Iraeta “que el pequeño productor yerbatero se diversifique, que se dedique a otra cosa”; y la de los que conocen el esfuerzo de los colonos y el significado cultural para Misiones, y el resto de la Argentina. Sin contar a los bebedores de los 18.830.648 kilos de yerba que salieron del país en los primeros meses del año.
Marini recuerda que antes del recorte al INYM, la situación era otra: los productores podían mantener sus chacras en condiciones, invertir en herramientas, pagar jornales y tener cierta estabilidad. “Los colonos en la actualidad a la mayoría de los medianos y pequeños productores no les alcanza, viven con los justos, están cuidando su plata, no tienen la opción de hacer entrega de sus productos donde más les convenga”, afirma.
Herrera Ahuad lo dijo con claridad la propuesta de restituir sus funciones completas apunta a un modelo más justo, en un contexto donde las asimetrías se profundizan. Sin embargo, para que esa promesa no se disuelva como espuma de mate lavado, hará falta algo más que buenas intenciones: un Congreso dispuesto a escuchar la voz de quienes producen.
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