Resumen: Una nueva vaca mutilada en Goya, Corrientes, reavivó el misterio que desde hace más de dos décadas intriga al campo argentino. El animal fue hallado con cortes precisos, sin sangre ni rastros alrededor, ni signos de ataque animal o intervención humana. Las características del caso se repiten en más de 200 episodios documentados desde 2002: lengua, ojo, ubre y partes del cuerpo extraídas con precisión quirúrgica.

Investigadores y testigos sostienen que los casos suelen ir acompañados de luces extrañas en el cielo y fenómenos difíciles de explicar. Mientras el SENASA atribuyó años atrás los hechos a roedores, productores rurales y ufólogos como Lorena Sciaratta afirman que los patrones son demasiado constantes y sofisticados, sugiriendo la presencia de entidades no humanas.

Entre el escepticismo científico y las hipótesis paranormales, la incógnita permanece. Algunos creen en experimentos secretos, otros en inteligencias superiores que recolectan órganos como fuente de energía. El fenómeno continúa alimentando teorías, dejando al campo argentino como escenario de uno de los misterios más persistentes del país.


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Una nueva aparición en Goya, Corrientes, volvió a encender el misterio: una vaca fue hallada muerta con cortes precisos, sin sangre ni rastros alrededor. El hallazgo dejó desconcertados tanto al dueño del campo como a los peones. Las mutilaciones quirúrgicas, sin señales de ataque animal o intervención humana visible, reavivaron una historia que lleva más de veinte años sumando interrogantes en las zonas rurales del país.

Durante la recorrida matutina, encontraron al animal tendido, sin lengua, sin un ojo, con parte de la mandíbula seccionada y extrañas marcas en el lomo. No había huellas, ni arrastre, ni siquiera la presencia habitual de carroñeros. Salvo por las zonas mutiladas, el cuerpo estaba intacto.

Este no es un caso aislado. Desde 2002, se han reportado más de 200 episodios similares en distintas provincias argentinas, siempre con un patrón inquietantemente parecido. Así lo asegura Daniel Padilla, investigador independiente de Colón, Entre Ríos, que desde hace dos décadas documenta estos sucesos. “En todos los casos se repiten las extracciones: lengua, ojo, ubre, a veces el rabo o parte del colon. Los cortes son quirúrgicos, como hechos con un molde. Y no hay sangre”, explica.

El recuerdo remite inevitablemente a los años 2002 y 2003, cuando el fenómeno se masificó bajo el nombre de “el chupacabras” y provocó un revuelo nacional. En aquel entonces, el SENASA intentó dar una explicación racional, adjudicando las heridas al accionar del ratón hocicudo. Pero la mayoría de los productores rurales desconfiaron: los cortes eran demasiado limpios, las circunstancias demasiado extrañas y el patrón, demasiado constante.

Desde Rosario, la ufóloga Lorena Sciaratta, dedicada al estudio de fenómenos inexplicables, sostiene que estos casos casi siempre vienen acompañados de luces en el cielo, círculos en el pasto y una sensación generalizada de extrañeza. “Muchos productores creen que esto demuestra que hay presencias no humanas interactuando con nosotros”, afirma.

Casos similares se replican en otros puntos del país. En Mendoza, el productor Matías Segarra relató cómo encontró una vaca con las mismas mutilaciones: sin lengua, sin ojo y sin ubre, pero sin signos de ataque. “He visto muchos animales muertos, pero nunca así”, aseguró.

Uno de los episodios más desconcertantes ocurrió en Entre Ríos, donde una vaca sobrevivió a una mutilación parcial: le faltaban parte del rabo y del colon, pero seguía caminando como si nada. Veterinarios que la examinaron no pudieron dar una explicación certera.

Padilla, que ha dedicado años al fenómeno, evita hablar de alienígenas, pero plantea una hipótesis audaz: “Hay una entidad inteligente detrás de esto. No es humana, pero tampoco necesariamente extraterrestre. Parece utilizar esos órganos como una fuente de energía o combustible biológico. Son entes que operan con una inteligencia superior”.

Mientras algunos buscan explicaciones científicas aún no descubiertas, otros apelan a lo paranormal o lo esotérico. ¿Se trata de rituales ocultos? ¿De experimentos clandestinos? ¿O estamos proyectando sobre estos hechos nuestros propios temores como sociedad?

Lo cierto es que, cada vez que aparece un animal mutilado, las preguntas resurgen. Y mientras las respuestas sigan siendo esquivas, el misterio continuará alimentando teorías e inquietudes. Como si el campo argentino guardara, en su vastedad silenciosa, secretos que todavía no estamos listos para entender.

¿Estamos solos? La pregunta sigue en el aire, tan persistente como las luces que algunos aseguran haber visto cruzando el cielo nocturno.

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