Por Gustavo Andrés Ortega Zabala
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Más de 50 expositores, 700 vehículos, 3000 personas sólo de público aproximadamente en el día domingo y, en general, más de 5000 personas en todo el fin de semana… ah y también un estand a punto de caerse del Ministerio del Agro. Estos números pertenecen a La Rural de Misiones, un espectáculo interesante para quienes son parte del rubro dado la calidad genética que se manejo, y un evento inolvidable para aquellos neófitos en la materia por las hermosas bestias que se pudieron presenciar, al punto que es raro pensar que esos titanes de carne pasen después a la mesa en forma de chuletas.



El apartado gastronómico tampoco estuvo mal, las comidas iban desde lo que podemos encontrar a la vuelta de cualquier esquina del mundo: comidas rápidas como hamburguesas, empanadas, arepas, salchipapas entre otras ofertas que desentonaba con el ambiente. Mientras que quienes buscaban algo más a tono podían encontrar escasos costillares a la estaca y asados. Lo verdaderamente interesante fue la degustación de búfalo, el animal estrella del encuentro.
Por su parte, el sector empresarial se mostró interesante con máquinas para la industria tealera y soluciones prácticas en materia energética con los paneles solares. Además, las charlas enfocadas a modernizar el campo misionero desde lo tecnológico, hasta los aspectos alimenticios de los animales, fueron un apartado muy atrapante y, más que nada, una muestra de la búsqueda de progreso en el sector.

Entre estas demostraciones de tecnología, alimento balanceado y olor a campo un pequeño pispeo me hizo ver una carpa que a lo lejos parecía blanca, pero mientras más te acercabas se teñía de un marrón terroso. Había encontrado al Ministerio del Agro y la Producción de Misiones, la primera muestra de presencia del Estado provincial en el lugar, más allá de la policía.
Una muestra de presencia muy olvidable
Se mostraron alegres para sacarse la foto, pero poco amigables a la hora de contar qué hacían ahí. La verdad es que quien los puede culpar, tenían las mismas ganas con la que sus patrones les dijeron que fueran y la misma disposición que su stand a medio decorar. La muestra del Ministerio del Agro presentaba yaguaretés y pumas tallados en madera, junto a un cartel que decía: Programa Nacional de Conservación del Monumento Nacional. Ni el plan era misionero, solo los folletitos y capas las mieles que presentaban, pero la única explicación recibida de que era la muestra fue: “Hay mieles, y raspaduras”.
Esa presentación la podríamos esperar del Ministerio de Ecología: preservación y muestra de la apicultura misionera, pero no de la entidad que se encarga de poner en valor la actividad principal de la provincia. No es que no tengan material: bioinsumos, fomento a las chacras multi productivas, los nuevos cultivos de hongos autóctonos, entre otras genialidades. Pero prefirieron ignorar a las personas para quienes van dirigidas sus actividades, y a quienes deben su existencia.



El caso de los municipios fue prácticamente lo mismo: una muestra de presencia muy olvidable si no prestabas atención a las 4×4 que llegaban con sus respectivos logos. El modus operandi consistía en tres partes: estacionarse enfrente del stand, sacar una foto e irse. Ante semejante desconcierto El Regional tuvo un pequeño diálogo con La Sociedad Rural de Misiones (SRM):
El Regional — “¿Algún municipio colocó stands?, no vimos ninguno y el Ministerio del Agro mantuvo un stand insignificante”.
— “¿Hubo un nulo acompañamiento del Estado provincial, o me estoy equivocando?”
SRM — “Casi nulo…”
— “Hoy (domingo) estuvo el secretario de ganadería”.
La conversación no daba para mucho, el mensaje fue claro el panorama nacional había tocado las puertas de la provincia.
Cuando la ausencia es un mensaje político
Misiones siempre se ha jactado de ser una isla paradisíaca, alejada del continente de conflictos de la Argentina, con una marca política de hace más de dos décadas basada en la “territorialidad”. Una marca que rompió su continuidad desde que la era del rock y el liberalismo se posó sobre la Casa Rosada. Pese a que la mayoría ya olía la pólvora en el ambiente, la relación entre el Estado provincial y el nacional parecía moverse en una ambigüedad calculada: ¿acompañar, confrontar o integrar?
Este fin de semana, en la Expo Rural, la respuesta pareció inclinarse hacia una postura clara: marcar distancia. La escasa promoción, la presencia mínima de funcionarios y un stand del Ministerio del Agro que pasó inadvertido no parecen simples descuidos logísticos, sino un gesto político dirigido a un sector históricamente crítico del oficialismo misionero y con una orientación de voto distinta.



No todos los participantes del evento forman parte de esa pulseada política, sería un error meterlos en la misma bolsa, pero el clima general sí dejó entrever desencuentros. El paralelismo con la “batalla cultural” que Javier Milei capitalizó en la Rural de Palermo es inevitable: allí, el Presidente fue recibido con aplausos y vítores; aquí, la ausencia provincial se leyó como una respuesta silenciosa pero contundente.
Las teorías de lo que pasó durante este último fin de semana en La Rural pueden ser muchas, pero pocos formularán las suyas. Esto dado que no tuvo una gran reacción de los medios locales, ya que la mayoría optó por enfocarse en informar que inició y terminó. Sin embargo, para quienes estuvieron atentos, la Expo Rural de Misiones dejó una postal distinta: la disputa cultural que el actual presidente promueve a nivel nacional tuvo, sin discursos ni pancartas, su capítulo misionero.
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