Resumen: La última edición de los mapas de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid) revela que más de 25,8 millones de hectáreas del país están afectadas por malezas resistentes o tolerantes. Rama Negra y Yuyo Colorado encabezan la lista, seguidos por Sorgo de Alepo, Echinochloa, Eleusine y Chlorideas. En total, la Red de Manejo de Plagas (REM) identificó 34 especies problemáticas, con tres nuevas incorporadas en 2025.

El avance más acelerado corresponde a Conyza sp. resistente a herbicidas ALS, Digitaria sanguinalis y los nabos resistentes. Esto obliga a los productores a multiplicar las aplicaciones y combinar herbicidas, lo que eleva los costos de producción. En paralelo, especies tolerantes como Commelina erecta y Borreria, aunque menos visibles en el rinde, ya afectan millones de hectáreas y obligan a rediseñar estrategias de manejo.

El problema se agrava por la convivencia de varias especies en un mismo lote, lo que complica el control y golpea directamente la rentabilidad. El mapa de Aapresid refleja un país en rojo y amarillo, donde cada decisión técnica implica costos crecientes. Según la REM, la situación ya no es solo un desafío agronómico, sino económico: el riesgo es que los productores deban resignar rinde, superficie o ingresos si no logran sostener las estrategias de control.


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El mapa agrícola argentino enfrenta un problema que se repite campaña tras campaña, pero cada vez con mayor gravedad: el avance de las malezas resistentes y tolerantes. La séptima edición de los mapas elaborados por la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid) confirma lo que los productores ya ven reflejado en sus rindes y en sus cuentas: más de 25,8 millones de hectáreas del país tienen al menos una especie de maleza resistente o tolerante.

Los nombres que encabezan el ranking no sorprenden. Rama Negra y Yuyo Colorado vuelven a liderar la lista, presentes en más de 25 millones de hectáreas cada uno. Detrás se ubican Sorgo de Alepo, Echinochloa, Eleusine y Chlorideas, con áreas que rondan entre 12 y 14 millones de hectáreas. Para los asesores técnicos y productores, estos “viejos conocidos” significan rindes más bajos y márgenes que se achican.

La Red de Manejo de Plagas (REM) de Aapresid detectó en total 34 especies problemáticas: 28 resistentes y 6 tolerantes. A las ya habituales se sumaron tres nuevas —Bassia scoparia RALS, Bassia scoparia RALS + RG y Sonchus oleraceus—, lo que marca que el problema sigue en expansión. En 13 de estas especies incluso pudo medirse la abundancia, una señal clara de cuánto condicionan la ecuación económica de los planteos agrícolas.

Lo más preocupante es la velocidad de propagación de algunas especies. El informe señala que la Conyza sp. resistente a herbicidas del grupo ALS fue la que más territorio ganó por segundo año consecutivo, seguida por Digitaria sanguinalis RG y los nabos RALS y RG. Ese ritmo de avance implica mayores costos: más aplicaciones, más mezclas químicas y más dólares destinados a controlarlas.

A este escenario se suman las malezas tolerantes, durante años subestimadas y hoy convertidas en parte central del problema. Commelina erecta ya cubre 11 millones de hectáreas y Borreria se expande sobre casi 5 millones. Aunque no siempre impactan de manera visible en el rendimiento, obligan a replantear esquemas de rotación, manejo y presupuestos.

El panorama se complica aún más cuando en un mismo lote conviven varias especies resistentes y tolerantes. Según la REM, cada vez son más los casos de solapamiento, con malezas que se expanden desde el sur hacia el norte y viceversa, generando escenarios de manejo más difíciles. Allí, las recetas generales dejan de servir y cada decisión de control repercute directamente en la rentabilidad de la campaña.

El mapa elaborado por Aapresid grafica esta realidad: cada partido o departamento del país aparece pintado en rojo cuando la presencia está confirmada y en amarillo cuando hay sospecha. Detrás de esos colores hay hectáreas concretas donde los productores deben redefinir rotaciones, probar mezclas más costosas o recurrir a prácticas culturales que muchas veces no se ajustan al apremio financiero.

“El diagnóstico es que la foto de malezas en Argentina es cada vez más compleja”, advierte la REM. Y esa complejidad trasciende lo agronómico: controlar una maleza ya no es solo un desafío técnico, sino una cuestión de márgenes. La pregunta que sobrevuela cada campaña es si el productor podrá sostener las estrategias necesarias o si terminará resignando superficie, rinde o rentabilidad.

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