Resumen: Organismos internacionales y especialistas climáticos coinciden en que El Niño se fortalecerá durante la segunda mitad de 2026. Mientras el fenómeno genera preocupación en diversas regiones del mundo por su impacto sobre la producción de alimentos, Argentina podría beneficiarse con mayores precipitaciones en sus principales zonas agrícolas.

Los antecedentes muestran que los eventos intensos de El Niño estuvieron asociados a campañas de altos rendimientos. Sin embargo, los expertos advierten que el exceso de lluvias también puede incrementar los riesgos de enfermedades, anegamientos y problemas logísticos.


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Mientras gran parte del mundo observa con preocupación el regreso de El Niño por su potencial para provocar sequías, pérdidas productivas y alteraciones en los mercados de alimentos, en Argentina el fenómeno aparece como una oportunidad para la agricultura. Especialistas climáticos sostienen que la campaña 2026/27 estará fuertemente condicionada por la presencia del evento climático y que sus efectos podrían resultar mayormente favorables para los principales cultivos del país.

El Centro de Predicciones Climáticas de Estados Unidos confirmó recientemente el desarrollo de El Niño y anticipó que se fortalecerá durante la segunda mitad de 2026. A esto se suma un informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), que asigna una probabilidad cercana al 90% a la consolidación del fenómeno durante el segundo semestre del año. Las proyecciones de distintos organismos internacionales incluso contemplan la posibilidad de que alcance una intensidad elevada.

Para Argentina, uno de los principales exportadores mundiales de soja, maíz y derivados agrícolas, el fenómeno suele traducirse en una mayor frecuencia e intensidad de lluvias sobre gran parte de la región productiva. Según el meteorólogo Germán Heinzenknecht, de la Consultora de Climatología Aplicada, las precipitaciones comenzarían a normalizarse o incluso superar los promedios históricos desde la primavera, coincidiendo con etapas clave para el trigo y el inicio de la siembra de soja y maíz.

Los antecedentes respaldan esa expectativa. Durante el último episodio intenso de El Niño, registrado en la campaña 2015/16, Argentina obtuvo una cosecha de soja de 59,1 millones de toneladas, la segunda más grande de su historia. En ese mismo ciclo, los rendimientos promedio del maíz superaron en un 7% la media de la década anterior.

Los especialistas coinciden en que las mayores ventajas se concentrarían en la región núcleo agrícola, donde los sistemas de drenaje permiten aprovechar mejor los excesos hídricos. Según Eduardo Sierra, uno de los principales analistas climáticos del país, las lluvias asociadas a El Niño suelen traducirse en mejores niveles de humedad para los cultivos, aunque advierte que también pueden aumentar la presión de enfermedades y elevar la necesidad de fertilización.

La expectativa aparece en un momento clave para la agricultura argentina. Mientras avanza la siembra de trigo, la Bolsa de Comercio de Rosario proyecta una producción cercana a 20 millones de toneladas para la campaña 2026/27, volumen que la ubicaría entre las tres mayores cosechas de la historia del cereal en el país. Si las condiciones climáticas acompañan durante la primavera y el verano, la soja y el maíz también podrían beneficiarse de una mejora en las reservas de humedad del suelo.

El desarrollo del fenómeno está siendo monitoreado por organismos internacionales mediante una red de satélites, modelos climáticos y observaciones oceánicas. Entre ellos se destaca el satélite Sentinel-6 Michael Freilich, operado por la NASA y la Agencia Espacial Europea, que detectó durante los primeros meses de 2026 varias olas Kelvin cálidas avanzando hacia la costa de Sudamérica. Una de ellas elevó el nivel del mar frente a Perú más de 15 centímetros por encima de los valores normales, una de las señales tempranas que los científicos utilizan para anticipar la formación de El Niño.

Sin embargo, los especialistas advierten que los beneficios agrícolas no eliminan los riesgos. Un evento intenso también puede generar anegamientos, dificultades logísticas, retrasos en cosechas y problemas sanitarios en los cultivos. La propia OMM señala que el sudeste de Sudamérica podría registrar lluvias superiores a lo normal durante los próximos meses. Para Argentina, la diferencia estará en encontrar el equilibrio entre el agua necesaria para producir y los excesos que pueden afectar el potencial de una campaña que hoy genera expectativas positivas en el sector agropecuario.

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