Resumen: Brasil atraviesa un fuerte aumento de la morosidad rural. En dos años, las deudas problemáticas vinculadas al crédito agrícola pasaron del 5,5% al 19,6% de la cartera, alcanzando los 171.200 millones de reales. Como consecuencia, las subastas de propiedades rurales crecieron un 30% en 2025 y las ejecuciones de garantías se multiplicaron.
La caída de los precios de los granos, el aumento de las tasas de interés, el encarecimiento de los fertilizantes y los efectos de fenómenos climáticos extremos aparecen como los principales factores detrás de la crisis. El escenario genera preocupación en uno de los mayores productores agrícolas del mundo.
Nota Completa
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Brasil enfrenta un deterioro acelerado en la situación financiera de parte de su sector agropecuario. Según datos del Banco Central brasileño, las deudas problemáticas vinculadas al crédito rural pasaron de representar el 5,5% al 19,6% de los préstamos agrícolas pendientes en apenas dos años. En términos absolutos, el monto comprometido alcanzó los 171.200 millones de reales, equivalentes a unos 33.000 millones de dólares.
La presión financiera ya comenzó a reflejarse en el mercado de tierras. Datos del portal Leilao Imovel muestran que durante 2025 se subastaron 14.219 propiedades rurales, un 30% más que el año anterior. Al mismo tiempo, las ejecuciones extrajudiciales —un mecanismo más rápido para recuperar garantías— casi se duplicaron durante 2024, alcanzando las 2.398 propiedades.
Detrás de este fenómeno aparece una combinación de factores que golpeó simultáneamente la rentabilidad agrícola. La caída de los precios internacionales de los granos, especialmente de la soja, coincidió con un fuerte aumento de los costos productivos, tasas de interés elevadas y una sucesión de eventos climáticos extremos que afectaron las cosechas en distintas regiones del país.
El problema se agravó por el endurecimiento de las condiciones financieras. En los últimos cinco años, la tasa de interés de referencia en Brasil pasó del 2% al 15%, incrementando significativamente el costo de refinanciar deudas o acceder a nuevo financiamiento. Según especialistas consultados por Reuters, muchos productores aún intentan recuperarse de pérdidas acumuladas por sequías, inundaciones y otros fenómenos climáticos que redujeron su capacidad de pago.
Clima, costos y tasas altas golpean al principal productor agrícola de Sudamérica
Uno de los casos más representativos es el de Rio Grande do Sul, uno de los estados agrícolas más importantes de Brasil. La región sufrió inundaciones catastróficas durante 2024, fenómeno que investigaciones científicas asociaron a la combinación del fenómeno El Niño y el cambio climático. Allí se concentra una parte importante de los productores que actualmente enfrentan problemas para cumplir con sus compromisos financieros.
Las perspectivas tampoco son alentadoras. Productores y analistas advierten que la posibilidad de un nuevo episodio intenso de El Niño podría volver a afectar la producción agrícola durante las próximas campañas. A esto se suma el incremento reciente del precio de los fertilizantes, impulsado por tensiones geopolíticas en Medio Oriente, que llevó a muchos agricultores a reducir sus planes de siembra para contener costos.
La magnitud del problema también aparece reflejada en los procesos judiciales. Según datos de Serasa Experian, las solicitudes de quiebra dentro del sector agropecuario crecieron un 56% durante 2025, después de haberse más que duplicado en 2024. Para los especialistas, la combinación de precios débiles, tasas elevadas y riesgos climáticos crecientes configura uno de los escenarios más complejos para el agro brasileño de los últimos años.
Más allá de las cifras financieras, el fenómeno refleja un desafío más profundo para la agricultura mundial. En uno de los mayores productores de alimentos del planeta, el cambio climático, la volatilidad de los mercados y el encarecimiento del crédito comenzaron a converger sobre la rentabilidad de las explotaciones rurales. El resultado ya es visible: más deuda, más ejecuciones y un número creciente de productores obligados a perder parte de sus tierras para afrontar sus compromisos financieros.
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