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El tabaco en Misiones mantiene su centralidad dentro de la economía rural, con una producción que en los últimos años creció de manera sostenida hasta acercarse a los 40 millones de kilos. Ese aumento no responde a un único factor, sino a la combinación de mejores precios en dólares, necesidad de ingresos en plazos cortos y falta de alternativas productivas con ciclos similares.
Sin embargo, ese crecimiento no implicó una mejora generalizada en la rentabilidad. Por el contrario, expuso diferencias internas cada vez más marcadas, donde el resultado económico depende menos del cultivo en sí y más de las condiciones en las que se produce.
Escala, precio y sistema: la rentabilidad según la cooperativa
Desde la conducción del sistema, el presidente de la Cooperativa Tabacalera de Misiones Jorge Kappaun sostiene que el tabaco sigue siendo una actividad rentable, pero bajo parámetros específicos que no todos los productores alcanzan. “El tabaco siempre fue rentable… pero es rentable cuando el productor hace más de 2.000 kilos. Para vivir bien tiene que producir al menos 3.000 kilos”, explica, estableciendo un umbral productivo que define la barrera entre estancamiento y crecimiento.
Según Kappaun en ese nivel, “el productor puede alcanzar ingresos anuales cercanos a los 15 millones de pesos”, lo que equivale a un ingreso mensual competitivo dentro del contexto rural, aunque aclara que ese cálculo no debe cargarse exclusivamente sobre el tabaco, sino sobre el conjunto de actividades de la chacra, donde se combinan producción, autoconsumo y diversificación.


Esa lectura introduce dos elementos centrales: el primero es que el tabaco no se plantea como una actividad aislada, sino como parte de un sistema productivo más amplio donde la diversificación es condición de estabilidad. El segundo es que la rentabilidad no depende únicamente del precio por kilo, sino de la estructura que sostiene la actividad, donde el Fondo Especial del Tabaco, la obra social y los mecanismos de cobertura forman parte del ingreso total.
En ese sentido, Kappaun advierte que “no se puede considerar solo lo que se cobra en boca de acopio”, ya que el sistema incorpora beneficios que, aunque no se traduzcan directamente en dinero, impactan en la economía del productor.
Sin embargo, dentro de esa misma explicación aparece una limitación estructural. El crecimiento de la producción no estuvo acompañado por un aumento proporcional de los fondos disponibles. “Antes había mucho menos tabaco y había más plata para repartir… hoy se hace mucho más tabaco y hay menos plata para repartir entre los productores” señala.


A esto se suma una restricción adicional: el precio no se define de manera local. La referencia sigue siendo el mercado internacional, donde la capacidad de negociación es limitada. “No podemos pedir un precio que no podamos vender… si no competimos, quedamos afuera”, plantea, en relación al gran aumento de oferta que enfrentó el mercado en febrero de este año.
Costos reales y trabajo no remunerado: la cuenta en la chacra
Esa estructura entra en tensión cuando se analiza la rentabilidad desde el productor. Cristian Prudente plantea que el problema no es la existencia de ingresos, sino la forma en que se construye la cuenta. “Rentable plantar tabaco hoy sería falso… es rentable cuando no sumás lo que te sobra mensual como trabajador en la chacra”, sostiene.
En términos concretos, Prudente explica que una plantación de 10.000 plantas implica más de un millón de pesos en insumos: fertilizantes, agroquímicos, materiales de secado y logística básica. A eso se suman pérdidas por clima, mortandad de plantas y variabilidad en el rendimiento, lo que vuelve inestable la producción. En ese contexto, “el ingreso mensual de un productor que trabaja con su familia se ubica entre 277.000 y 541.000 pesos durante un ciclo de nueve meses”, lo que limita la capacidad de inversión y crecimiento.
La diferencia con la mirada de la cooperativa aparece cuando se incorpora la mano de obra. Si el productor necesita contratar personal, el costo supera el ingreso generado por la actividad. Prudente lo resume en términos directos: un trabajador puede representar un costo mensual de más de 600.000 pesos, lo que vuelve inviable cualquier esquema que no se base en trabajo familiar. En ese punto, la escala deja de ser una recomendación y pasa a ser una barrera de entrada.
A la estructura de costos se suma un condicionante técnico que define la productividad: el suelo. Según Prudente, “el tabaco no se produce en cualquier condición y requiere manejo específico para sostener rendimientos”. En este sentido describe una diferencia concreta con Brasil, donde la corrección sistemática de suelos permite mantener niveles de producción más altos. “Allá aplican entre 5 y 15 toneladas de calcáreo por hectárea… acá no tenemos capacidad, no tenemos bolsillo”, explica.
Esa diferencia no es menor. Implica que el productor misionero trabaja con suelos que pierden productividad con el tiempo y que no pueden ser recuperados por falta de inversión. El resultado es una rotación forzada hacia otros cultivos o una caída progresiva del rendimiento. En ese contexto, la productividad no depende solo del manejo técnico, sino de la capacidad económica para sostener el suelo en condiciones adecuadas.
La dinámica de frontera
En este marco de rentabilidad la posición de Misiones y sus fronteras siempre es un factor muy influyente. En este marco la relación con Brasil aparece como un factor determinante a la hora de definir la competitividad internacional y la estructura de costos. Prudente lo plantea con un dato concreto: “El valor de una bolsa de urea en Argentina es de US$ 820, mientras que en Brasil es de US$ 570”. Ante la exorbitante diferencia de precios es donde aflora la economía de frontera.
Esa diferencial habilita intercambios donde el tabaco funciona como moneda. Parte de la producción se utiliza para acceder a insumos más baratos, lo que reduce los costos individuales, pero genera distorsiones en la cadena formal. Kappaun reconoce esa práctica y señala que “es algo que ocurre en toda frontera”, aunque aclara que el contrabando de tabaco hacia Brasil se redujo en los últimos años debido a mejores precios internos.
El contexto externo introduce una restricción adicional. El mercado tabacalero enfrenta un escenario de sobreoferta global, impulsado por altos niveles de producción en países como Brasil, Zimbabue y Tanzania, lo que presiona los precios a la baja. A esto se suma una caída cercana al 30% en la demanda desde China, reduciendo la capacidad de colocación del producto argentino.
En paralelo, los costos continúan en aumento. El precio de la urea registró subas de hasta el 40% debido a factores geopolíticos y problemas en la cadena de suministro internacional, en un contexto donde Argentina depende en más del 50% de la importación de fertilizantes. Este escenario limita la capacidad del sector para trasladar costos al precio final y refuerza la dependencia de variables externas.
Liquidez y cobertura: por qué el sistema se mantiene
Alejandro Muller, productor tabacalero de El Soberbio, introduce una lectura que no discute directamente el margen, sino la funcionalidad económica del cultivo dentro de la chacra. Desde su experiencia, el tabaco “es una de las producciones más rentables que tenemos en la provincia”.
La diferencia central aparece en el tiempo de retorno. A diferencia de otras producciones como la yerba mate, donde el productor debe esperar varios años para generar ingresos, el tabaco permite cerrar el ciclo productivo en menos de un año y acceder al cobro en plazos muy cortos. “En 24 o 48 horas ya está la plata en la cuenta del productor”, señala Muller, marcando una variable que, en contextos de bajo acceso al crédito, resulta determinante para sostener la actividad.
Esa liquidez no solo permite cubrir costos, sino que financia la siguiente campaña y mantiene en funcionamiento la unidad productiva. En ese sentido, el tabaco no se evalúa únicamente por el margen que deja, sino por su capacidad de sostener el flujo de ingresos en la chacra, incluso cuando otros cultivos no ofrecen esa posibilidad.
A esa lógica Muller suma el mismo componente estructural que Kappaun. “No es solo entrega y retorno… hay obra social, hay planes, hay beneficios”, explica, en referencia al sistema que incorpora cobertura sanitaria, asistencia y distintos mecanismos de apoyo vinculados a la actividad. Ese esquema, sin embargo, depende del funcionamiento ordenado de toda la cadena.
Una cadena que es afectada por el factor de frontera: “hubo años donde Brasil llevó mucho tabaco y eso perjudicó a las empresas y a la obra social”, afirma Muller. Ese episodio explica la insistencia actual en mantener el circuito formal y evitar desvíos de producción.
Intermediación y distribución del ingreso
Dentro del propio sistema aparece un factor que incide directamente en la rentabilidad: la intermediación. En la práctica, existe un segmento de productores que no está registrado dentro del circuito oficial, en muchos casos por problemas de tenencia de la tierra o falta de inscripción, y que termina vendiendo su producción a terceros que operan dentro del sistema. Ese tabaco igualmente ingresa a la cadena, pero lo hace bajo otra titularidad, lo que implica que los beneficios asociados de retornos, fondos y compensaciones no llegan a quien efectivamente produjo.
En ese esquema, la intermediación no es marginal. Permite concentrar volúmenes importantes de producción y, al mismo tiempo, redirigir ingresos hacia actores que no participan directamente del proceso productivo. La magnitud no es menor: en operaciones de escala media, la diferencia económica puede representar millones de pesos que dejan de ir al productor primario y se acumulan en eslabones intermedios.
El impacto no se limita a la distribución del ingreso. También introduce una distorsión en la información del sector, ya que parte de la producción no queda asociada a quienes realmente la generan. Esto dificulta dimensionar con precisión la rentabilidad real del productor y, al mismo tiempo, condiciona cualquier intento de corrección o política específica dentro del sistema.
En ese marco, el tabaco en Misiones no se explica por una sola variable. La escala define quién puede sostener márgenes, los costos fijan el límite de expansión, el suelo condiciona la productividad, Brasil marca el techo competitivo y el sistema, con su cobertura y su liquidez, mantiene en funcionamiento la actividad. Pero dentro de esa estructura, la distribución del ingreso no es lineal: una parte se pierde en costos, otra en condiciones estructurales y otra en desvíos internos que no siempre se registran.
Por eso, cuando se discute la rentabilidad del tabaco, el problema no es si deja dinero. El problema es cuánto de ese dinero termina, efectivamente, en el productor.
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