Resumen: La carne cultivada es una tecnología que busca producir carne en laboratorio a partir de células animales. En lugar de criar y sacrificar ganado, las células se multiplican en biorreactores hasta formar tejido muscular similar al de la carne tradicional.
Más de 150 startups trabajan en este desarrollo y países como Singapur, Israel y Estados Unidos ya autorizaron su consumo. Sin embargo, el principal problema sigue siendo el costo, que todavía es mucho más alto que el de la carne convencional.
En Argentina el desarrollo está más atrasado. Solo una empresa, B.I.F.E., continúa investigando esta tecnología, y en 2021 logró realizar la primera degustación de carne cultivada producida en el país.
El futuro de esta innovación dependerá de lograr reducir costos, desarrollar regulación y convencer a los consumidores, en un país donde la carne tradicional sigue siendo parte central de la cultura alimentaria.
Nota Completa
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La llamada carne cultivada o “carne de laboratorio” comienza a desarrollarse en distintos países como una posible alternativa a la ganadería tradicional. El proceso consiste en extraer células musculares de un animal mediante una biopsia y cultivarlas en biorreactores con nutrientes, donde se multiplican hasta formar tejidos similares a los de la carne convencional.
En la última década el sector creció con fuerza. Más de 150 startups trabajan en el desarrollo de carne cultivada a escala industrial y algunos países ya comenzaron a autorizar su consumo. Singapur fue el primero en aprobar su venta en 2020, seguido por Israel y Estados Unidos, donde empresas como Eat Just y UPSIDE Foods lograron superar evaluaciones regulatorias y comenzar a ofrecer productos en restaurantes y carnicerías especializadas.
A pesar del avance tecnológico, el costo sigue siendo uno de los principales obstáculos para su expansión. En sus primeros experimentos, producir un kilo de carne cultivada costaba miles de dólares. Con mejoras en la eficiencia y la escala los valores bajaron, pero todavía se encuentran lejos de competir con la carne producida mediante la ganadería tradicional.
Otro desafío es la aceptación del público. Estudios sobre percepción del consumidor muestran que muchas personas reconocen los posibles beneficios ambientales y éticos, como la reducción de la cría y el sacrificio de animales. Sin embargo, la idea de que se trata de un producto “no natural” sigue siendo una barrera para su adopción masiva.
La tecnología también abre nuevas posibilidades en el diseño de alimentos. Los investigadores trabajan en modificar la composición nutricional de la carne cultivada y ajustar variables como el contenido de grasa, sabor o textura, aunque replicar completamente la estructura de la carne tradicional —incluyendo fibras musculares, grasa y hueso— sigue siendo uno de los retos técnicos más complejos.
De un experimento científico a una industria emergente
Uno de los hitos más importantes ocurrió el 5 de agosto de 2013, cuando el farmacólogo neerlandés Mark Post presentó la primera hamburguesa hecha completamente con carne cultivada. El experimento marcó el inicio de la industria, aunque el prototipo tuvo un costo cercano a los 248.000 euros y tardó tres meses en producirse.
La hamburguesa se elaboró a partir de unas 20.000 fibras musculares cultivadas en laboratorio, obtenidas de células animales que luego fueron multiplicadas y ensambladas manualmente. Para mejorar su apariencia y sabor, los investigadores añadieron ingredientes como jugo de remolacha, pan rallado y azúcar caramelizada.
Con el paso de los años, el costo de producción comenzó a bajar. Según estudios recientes citados por investigadores del sector, ya es posible producir pollo cultivado por unos 6,2 dólares la libra, lo que alimenta la expectativa de que la paridad de precios con la carne tradicional pueda alcanzarse en el futuro.
El debate en Argentina
Mientras países como Estados Unidos, Israel o China avanzan en regulaciones e inversiones, Argentina todavía se encuentra rezagada en el desarrollo de esta tecnología. Las dificultades económicas, la falta de inversiones y la ausencia de un marco regulatorio específico limitan el crecimiento del sector.
En el ámbito científico también existe debate sobre su potencial. Algunos investigadores sostienen que las células cultivadas no logran reproducir completamente las características biológicas de la carne tradicional, mientras que otros consideran que la producción de proteína animal mediante agricultura celular podría convertirse en una alternativa complementaria a la ganadería.
Actualmente solo una startup argentina continúa trabajando en este campo: B.I.F.E. (Bioingeniería en la Fabricación de Elaborados), una empresa surgida como spin-off del Laboratorio Craveri que busca desarrollar carne a partir de células cultivadas en laboratorio.
El único proyecto argentino
En 2021 la empresa B.I.F.E. realizó la primera degustación de carne cultivada en Argentina, tras cinco años de investigación. El prototipo se elaboró a partir de células musculares cultivadas sobre un biomaterial comestible, lo que permitió demostrar que el producto podía cocinarse y consumirse.
El principal desafío ahora es lograr la producción a gran escala, algo que requiere el desarrollo de biorreactores capaces de producir grandes volúmenes de tejido muscular. Los modelos actuales se utilizan principalmente en la industria farmacéutica y no están diseñados para la producción masiva de alimentos.
A nivel global, el crecimiento del sector se apoya en la idea de que la demanda mundial de carne podría aumentar cerca de un 50% hacia 2040, lo que impulsa la búsqueda de nuevas formas de producir proteína animal. Sin embargo, el costo, la regulación y la aceptación social seguirán siendo factores clave para definir el futuro de esta tecnología.
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