Resumen: El maíz es una herramienta clave en la alimentación del ganado porque aporta mucha energía y ayuda a que los animales ganen peso más rápido y mejoren la calidad de la carne.
Sin embargo, su uso debe ser planificado, ya que si se incorpora de forma brusca puede provocar problemas digestivos como acidosis. Por eso, es necesario un período de adaptación de entre 15 y 25 días.

Además, el maíz debe complementarse con otras fuentes de alimento, ya que no cubre todos los nutrientes que necesita el animal, especialmente en etapas de crecimiento. Bien utilizado, permite producir más carne en menos tiempo y mejorar la eficiencia del sistema ganadero.
Nota Completa
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El maíz se mantiene como una herramienta central para la producción ganadera en Argentina. Según especialistas del INTA, su uso estratégico permite aumentar la ganancia diaria de peso, acortar los ciclos productivos y mejorar la calidad de la carne, tanto en sistemas de recría como de terminación, siempre que se respete un adecuado manejo nutricional.
“El principal aporte del grano de maíz es la energía”, explicó la ingeniera agrónoma María Gabriela Garcilazo, del INTA Valle Inferior. Su alto contenido de almidón lo convierte en una fuente clave para el desarrollo corporal y la acumulación de grasa, un factor determinante en la etapa final previa a la faena. Sin embargo, advirtió que su incorporación debe planificarse según la categoría animal y el sistema productivo.
Uno de los aspectos fundamentales es la forma de suministro. El maíz puede utilizarse entero, partido o molido, dependiendo del objetivo productivo. En terneros de hasta 200 o 250 kilos, el grano entero funciona bien como complemento en dietas basadas en pasturas, mientras que en suplementaciones sobre verdeos o alfalfa, el grano partido o molido mejora la digestibilidad. En sistemas de engorde a corral, donde el maíz tiene mayor participación en la dieta, el uso de grano entero ayuda a reducir el riesgo de trastornos digestivos.
Adaptación ruminal: clave para evitar problemas
Un punto crítico en el uso de maíz es la adaptación del animal. El bovino es un rumiante preparado para digerir forrajes, por lo que un cambio brusco hacia dietas con alto contenido de grano puede generar complicaciones.
“El riesgo aparece cuando el maíz se suministra de golpe”, advirtió la especialista. La rápida fermentación del almidón puede provocar acidosis ruminal, un trastorno asociado a la caída del pH en el rumen. Para evitarlo, es necesario un período de adaptación que puede durar entre 15 y 25 días, dependiendo de la proporción de grano en la dieta.
En este contexto, comenzaron a incorporarse complejos enzimáticos que se agregan a la ración para facilitar la digestión del almidón, lo que permite reducir el riesgo de trastornos digestivos y acortar los tiempos de adaptación.
Energía y proteína: un equilibrio necesario
Si bien el maíz aporta energía, no cubre todos los requerimientos nutricionales del animal. Por eso, Garcilazo destacó que es fundamental formular dietas balanceadas.
En la etapa de recría, los terneros necesitan mayor aporte de proteína para el desarrollo muscular, mientras que en la terminación la prioridad es la energía para lograr el engrasamiento previo a la faena.
También existen diferencias entre tipos de grano. El maíz húmedo, que se ensila antes de la cosecha, tiene mayor disponibilidad de almidón en el rumen, lo que mejora su aprovechamiento, pero requiere un manejo más cuidadoso para evitar fermentaciones excesivas.
Más eficiencia y mejor calidad de carne
Desde el punto de vista productivo, la inclusión correcta de maíz en la dieta permite producir más kilos en menos tiempo y mejorar la calidad de la res. Aunque representa un costo, la mayor eficiencia en la conversión alimenticia suele compensar la inversión.
“El grano es una herramienta estratégica para la producción bovina, siempre que se aplique con conocimiento, planificación y respeto por la fisiología del animal”, concluyó Garcilazo.
En este contexto, el próximo 5 de marzo se realizará el 1° Encuentro de Maíz Bajo Riego en la Norpatagonia, en la Cámara Frutícola Agraria de Cervantes, Río Negro, donde productores y especialistas analizarán estrategias de manejo y rendimiento del cultivo.
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