Resumen: En varias regiones del mundo comenzaron a surgir iniciativas que buscan integrar a los jóvenes al sector agroalimentario mediante innovación y tecnología. En Vietnam, por ejemplo, empresas emergentes de agrotecnología ayudan a pequeños agricultores a acceder a financiamiento y mercados de exportación, lo que abre nuevas oportunidades laborales fuera del trabajo agrícola tradicional.

La digitalización también está cambiando la forma de trabajar en el campo. En Croacia, un software especializado permite automatizar entregas, recolecciones y tareas administrativas en cadenas de suministro agrícolas, mientras que en Colombia una aplicación móvil conecta a productores de cítricos con agrónomos y compradores para mejorar la calidad de las cosechas.

En África, donde el procesamiento y la logística ya representan alrededor del 40% de la cadena alimentaria entre la granja y el mercado, están creciendo plataformas digitales que vinculan a los productores con maquinaria, servicios y compradores.


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El mundo enfrenta un desafío silencioso pero clave para el futuro de la producción de alimentos: cada vez menos jóvenes quieren trabajar en la agricultura. Aunque el 16% de la población mundial —unos 1.200 millones de personas— tiene entre 15 y 24 años, muchos de ellos enfrentan dificultades para encontrar empleo y, al mismo tiempo, abandonan las zonas rurales en busca de oportunidades en ciudades o en el extranjero.

Esta tendencia se observa en distintas regiones del planeta. En Kenia, el empleo agrícola juvenil cayó del 58,9% en 1990 al 28,5% en 2020, mientras que en Europa la población rural joven se redujo en 1,7 millones entre 2013 y 2019. Actualmente, solo el 12% de las explotaciones agrícolas europeas están gestionadas por personas menores de 40 años. Situaciones similares se repiten en Asia y América Latina, donde se proyecta que 1,2 millones de jóvenes abandonarán la agricultura hacia 2030.

Uno de los principales problemas es la percepción negativa del sector. Muchos jóvenes consideran que la agricultura es un trabajo duro, de baja tecnología, mal remunerado y con poco prestigio social, lo que la coloca lejos de las aspiraciones laborales de las nuevas generaciones.

Sin embargo, especialistas sostienen que la agricultura moderna ofrece oportunidades mucho más amplias que el simple trabajo en el campo. La cadena agroalimentaria incluye empleos en procesamiento de alimentos, logística, comercialización, investigación, tecnología agrícola y servicios vinculados a la producción, sectores que están creciendo en muchos países.

Además, el desarrollo agrícola tiene un fuerte impacto económico y social. En los países de bajos ingresos, el crecimiento de la agricultura es entre dos y tres veces más eficaz para reducir la pobreza que el crecimiento de otros sectores económicos, y también resulta clave para mejorar la nutrición y la seguridad alimentaria.

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